Después de dos días de descansar del estiramiento obligado de los dedos pulgar e índice de mis dos manos, vuelvo al ruedo lista para probar la última de las consolas fijas que hacen parte de mi trabajo de campo. En este punto ya he probado diferentes juegos: estrategia, futbol y carros, solo faltan los ya conocidos juegos de guerra y que mejor para esto que el famoso Gears of War de XBOX 360; Para esta etapa vuelvo a recurrir a mi asesor estrella (quien de por sí ha insistido en que sea valorado su trabajo y sea mencionado constantemente), él muy hábilmente me prepara psicológicamente para el juego: “Aquí si le toca estar pilas por que le van a disparar y usted sola tiene que escoger el tipo de arma, mover las cámaras, disparar fijando el blanco y desplazarse al tiempo pendiente del mapa” ante eso solamente se puede responder: “¿Qué, qué?”

Después de la introducción de él, comienzo el juego, vuelvo a las buenas graficas, una historia cautivante y un calambre de dedos con callo en el pulgar, los nervios listos para disparar como loca y salir corriendo… ya se siente la adrenalina y eso que hasta ahora están mostrando la historia. Comienzo, entonces en el nivel fácil: mi primera misión rescatar un soldado y encontrar a todo un pelotón… “puff, pan comido” lo que no me explican es que una raza de soldados súper dotados son los que están cuidando mi pelotón y que en cualquier momento ellos me pueden desaparecer y por tanto terminar el juego.
No contare como me termino de ir, por esa no es la finalidad de este trabajo de campo, lo que sí puedo contar es que al igual que las otras consolas fijas este tipo de juegos logran encerrar un gran encanto; desde los pequeños quienes conocen a las mil maravillas los trucos y niveles hasta quienes hasta este año entramos en contacto con controles anatómicos, juegos de guerra e imágenes tan reales que en un punto perdemos la noción de lo que es real y lo que no.
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